Honorables Diputados del Partido Socialista de Chile:

Los integrantes de la Agrupación de Familiares de los Detenidos, Ejecutados y Desaparecidos del Dispositivo de Seguridad Presidencial del Presidente Doctor Salvador Allende Gossens, a través de la presente, deseamos compartir con ustedes nuestras inquietudes y proposiciones con relación a nuestra situación en el marco de la búsqueda de “Verdad, Justicia, Memoria y Dignidad” para con los casos de nuestros seres queridos como también de la situación jurídico social de sus familiares.

Señores Diputados, entre los integrantes de nuestra Agrupación, se encuentran los familiares y ex compañeros de las primeras victimas de las Violaciones de los Derechos Humanos del periodo más negro de la historia de Chile.

Periodo que se fundó en la felonía y la traición de algunos generales de las Fuerzas Armadas en conjunto con los representantes más conservadores y reaccionarios del espectro político de la época, con el único objetivo de llevar adelante un plan sedicioso en contra del gobierno de la Unidad Popular, al cual se dio inicio con el bombardeo y asalto al Palacio de la Moneda el 11 de Septiembre de 1973.

Bombardeo y asalto que les permitió barrer a sangre y fuego con el estado de derecho, representado en la persona del Presidente de la Republica el Doctor Salvador Allende Gossens además de excluirse, del sistema judicial imperante con los resultados ya conocidos por toda la sociedad chilena.

El día once de Septiembre de 1973, la Guardia de Palacio traicionaba sus propias obligaciones indicadas en la Constitución Política del Estado, al optar en forma vergonzosa por el retiro de sus hombres del Palacio de la Moneda abandonando al presidente como también la defensa del Palacio.

Es en este contexto que los integrantes del Dispositivo de Seguridad en servicio aquel día, en conjunto con un puñado de funcionarios de la Policía de Investigaciones asignados a la tarea de la seguridad presidencial y bajo la dirección del Presidente de la Republica, asumen la “responsabilidad de la defensa del Estado de Derecho”, que de acuerdo a la Constitución Política del Estado era y es obligación de todos los ciudadanos defender.

Finalizada la defensa del Palacio, nuestros familiares y compañeros fueron detenidos y trasladados al Regimiento Tacna en donde se dio inicio a las torturas de varios de ellos, posteriormente fueron trasladados el día 13 de Septiembre al sector de Colina donde los ejecutaron y lanzaron a una fosa en medio de un descampado al interior del Fuerte Arteaga.

Sus asesinos, aparentemente no conformes con el sadismo y la crueldad de sus actos, trataron de reducir sus cuerpos lanzándoles varias granadas antes de tapar con tierra sus restos.

Como hoy es de publico conocimiento, no conformes con todo lo anterior, los asesinos de nuestros seres queridos y compañeros, el 23 de Diciembre de 1978 ordenaron a personal del Departamento II de Inteligencia perteneciente al Regimiento de Artillería Motorizado Nº1 Tacna, a exhumar sus cuerpos desde la fosa ubicada al interior del Fuerte Arteaga.

Introduciendo posteriormente sus restos en 12 a 15 sacos a los cuales se les amarró rieles y en la penumbra de la noche los trasladaron y lanzaron al mar desde un Helicóptero Puma del Ejército de Chile.

Probablemente a juicio de los asesinos de nuestros familiares y compañeros, este debería haber sido el punto final de una campaña de descrédito permanente ante la opinión pública en contra del Dispositivo de Seguridad del Presidente, que tuvo su punto más álgido el 27 de julio de 1973, con el asesinato del Edecán del Presidente de la República Comandante de la Armada Arturo Araya Peeters por parte de un comando de Patria y Libertad. Fue entonces, cuando el Mayor Ezquivel del cuerpo de Carabineros de Chile, acuso del asesinato al compañero Domingo Blanco Tarre, Jefe del Dispositivo de Seguridad Presidencial, hoy día detenido desaparecido.

 

Después de casi veinte años de dictadura, todo el país se informo de como fue asesinado el Comandante Araya, de sus verdaderos asesinos y del indulto entregado por la Junta Militar a sus asesinos en la década de los 80. Pero nadie recordó entonces que Domingo Blanco fue perseguido y probablemente asesinado y hecho desaparecer después de su detención el 11 de Septiembre por un crimen que jamás cometió.

El odio insaciable de los traidores que después de enfrentarse al acto de coraje y dignidad de aquellos pocos que defendieron el estado de derecho, los llevo a dar inicio a una soterrada persecución en contra de todos los compañeros del Dispositivo de Seguridad, que indistintamente del lugar donde se encontrasen realizando tareas el día 11 de Septiembre, activos y no activos debían ser detenidos y ejecutados a la brevedad posible. El resultado de esta persecución concertada y dirigida por la Junta Militar, significó el asesinato brutal de un total de 50 compañeros hasta ahora identificados, como consta en los archivos del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior.

Hoy día podemos decir, que además 26 compañeros fueron detenidos y cruelmente torturados. Y después de varios años de cárcel en distintos campos de concentración, fueron expulsados del país y obligados a vivir en calidad de exiliados hasta el regreso de la democracia a Chile.

Señores Diputados, durante casi treinta años hemos esperado saber la verdad total y absoluta de lo que sucedió con nuestros familiares y compañeros como también del destino final de sus cuerpos, treinta años añorando justicia, treinta años deseando conocer a los responsables de sus torturas y ejecuciones, treinta años en los cuales hemos tenido que escuchar constantemente que nuestros seres queridos eran terroristas o asesinos a sueldo del gobierno de la Unidad Popular, treinta años de callar nuestra impotencia y rabia ante las mentiras de unos y la desidia de otros, treinta años de búsqueda de los restos de nuestros hijos, esposos, padres y compañeros, con el solo objetivo de tener un lugar donde llevar una flor, para sentarnos a descansar y hacer nuestro luto en paz, pero hasta esto hoy nos ha sido privado ya que ahora treinta años después el juez nos ha ido informando que muchos de nuestros familiares jamás serán encontrados.

Finalmente sólo nos resta decir, que nuestros familiares y compañeros al igual que todos los integrantes del Dispositivo de Seguridad eran militantes del Partido Socialista de Chile y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, y que a Septiembre de 1970 interactuaban en los distintos frentes de masas de sus partidos.

Fueron sus partidos quienes los convocaron a trabajar en esta nueva misión, ya que todos ellos reunían la condición de ser militantes de absoluta confianza y lealtad a los principios de sus organizaciones políticas.

La tarea entregada fue la de salvaguardar la integridad física del Presidente de la República Dr. Salvador Allende Gossens, a través de la creación de un nuevo Dispositivo de Seguridad Presidencial, dado que los organismos que la propia Constitución mandataba para el resguardo del Jefe de Estado no daban ninguna garantía en ese entonces.

Cuestión absolutamente corroborada por el rol que jugarían tres años después las Fuerzas Armadas y de Orden, en la organización del golpe de estado en contra del Gobierno de la Unidad Popular y el inicio de la Dictadura Militar en Chile.

Nuestros familiares y compañeros eran hombres imbuidos de sueños de justicia social, por lo tanto creyeron siempre, “que los hombres deben ser el reflejo de las causas que abrazan en sus vidas y consecuentemente con ello estar dispuestos siempre a entregar y poner lo mejor de sí con el objetivo de que sus pares y seres queridos pudieran vivir en una sociedad más libre, democrática y justa con los más pobres y necesitados del país”.

Por esto, enfrentados a la felonía y la traición de los responsables de defender el estado de derecho el 11 de Septiembre de 1973, junto al Presidente Salvador Allende ellos entregaron lo único que tenían para ofrecer, “sus vidas”.

Esta lección de valor en cuanto a la lealtad y dignidad, de no renuncia con los compromisos asumidos, para con el estado de derecho y la democracia, el Presidente de Chile y su pueblo y finalmente sus organizaciones políticas, les costo la vida. Hoy a nosotros sus familiares y compañeros, solo nos resta añorar que esta lección de coraje y entrega Señores Diputados, sea tratada con “Verdad, Justicia, Memoria y Dignidad.” 

Sin otro particular atentamente.

 

Soledad Blanco

Por la Agrupación de Familiares

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