Carta Abierta a Sergio Arellano Stark  

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Jueves 27 de Noviembre de 2008

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Carta Abierta a Sergio Arellano Stark

por Rosa Silva (Chile)

lunes, 24 de noviembre de 2008

 

General,

A pesar de su supuesto Alzheimer, demencia senil y alcoholismo, sabrá Ud..

de nuestra existencia. Todos los días me acuerdo de la sangre herida que

hierve sobre mí, porque Ud. mató a mí padre.

 

Siempre supe que iba a tener Alzheimer, así lo diagnosticaron los

facultativos y expertos de la Política, la Justicia y el Servicio Medico

Legal. No podría ser de otra manera.

 

El lobby, la presión, las pasadas de cuenta y hasta una supuesta carta del

entonces Cardenal Silva Henríquez, aparecida en los alegatos de la corte

suprema contribuyeron a este veredicto final. Ud. se sabia culpable por eso

le temblaban las manos, le paralizaba la cara, sus ojos se enceguecían. Yo

merodeaba su existencia. Miré fijamente su rostro en el Club de Polo donde

lo escupimos, cuando se evadía de nosotras. Hemos seguido sus pasos, no

todas estamos vivas, entre ellas la Medico Dentista, Dora Juralnick, madre

del periodista Carlos Berger asesinado por Ud.. en Calama y que aturdida

por la impunidad y el silencio terminó su vida trágicamente, no antes de

depositar velas en un recordatorio.

 

El tiempo, el implacable tiempo ha llegado, el juez Montiglio ha hecho su

trabajo, lo ha declarado con una enfermedad irreversible: Alzheimer

Vascular y a pagar la alta suma de $500.000 pesos por 144 asesinatos ¡Que

asombro! ¡Que novedad!

 

Ud. tenia 47 años cuando asesinó a mí padre, que tenia a la sazón 35 años y

cinco hijos. Ud. era el segundo hombre del poder militar y político y sus

ojos no pestañaron, ni sus mejillas se paralizaron, para elaborar el listado

de los chilenos que deberían ser descuartizados desde Calama hasta San

Javier. Allí no le falló la memoria, podía distinguir entre matar a Mario

Silva Iriarte u otro funcionario de CORFO Norte.

 

A diferencia de otros hijos de ejecutados que no supieron o le ocultaron

que sus padres fueron exterminados a pedazos, con mí Madre levantamos el

ataúd y trasladamos a mí padre a Vallenar, en un día rigurosamente

vigilado, donde el pueblo se refugio en sus casas, entremetido por la

muerte de un hombre que no sabia disparar ni pistolas de agua. Sé que lo

persiguen las sombras, que no puede salir a las calles y que no recuerda

las maldades con sus hijos y sobrinos en vísperas de navidad y año nuevo.

Pero YO recuerdo las maldades que hacia mí padre cuando me dejaba

chocolates en la cama sin avisarme, dos meses antes que Ud.. lo asesinara.

 

Quiero expresar mí profunda repugnancia por esta sentencia que será apelada

por los abogados de DDHH y que burla el honor de cientos de familiares que

consagraron su vida a la utopía de verle a Ud. en la cárcel, “donde un

chileno pobre es juzgado por robar una gallina para comer”. Parece indigno

en un tiempo en que todos hablan de transparencia no haber decretado

sentencia como se merece a una persona que en uso de un poder ilimitado,

como un “RAMBO” moderno, viajaba en un helicóptero para aniquilar

opositores. Aquí no se trata de cualquier impunidad. Se trata de un hombre

que en el ejercicio de su poder eligió exterminar a un centenar de

chilenos que representaba lo mejor del mundo de la cultura, la política, la

economía, los sindicatos y las Universidades regionales.

 

En rigor estamos hablando de un sujeto que demolió lo mejor de una

generación y por ello resulta insólito esta sentencia y los $500.000 pesos

a pagar, una suma aun menor que el reajuste que se impusieron los

congresistas en el reciente paro del sector público.

 

Por ellos, por los asesinados, en honor a tantos sacrificios, dolor y lucha

escribo esta carta abierta para silenciar el grito desgarrado de los

ejecutados de la Caravana de la Muerte y sus familias.

 

¡¡La Dignidad y el Honor no se tranzan jamás!!

 

Adhieren a esta Carta, Mi Madre Graciela Álvarez.

Mis hermanos, Amanda, Libertad, Patricia, Mario y el hermano de mí padre

Jaime Anselmo Silva y todos los hombres y mujeres decentes de esta tierra.

 

Rosa Silva Álvarez

Licenciada en Derecho, RUT 7.458.048-3