El misterioso doctor del Hospital Militar

/ La Nación Domingo Por Jorge Escalante y Javier Rebolledo

Ama la cirugía y las armas. También tiene un pasado político. El 21 de octubre de 1969, como subsecretario de Salud y con el grado de mayor de Ejército, extrañamente fue el único que logró aplacar el alzamiento militar conocido como el “Tacnazo”, liderado por el general Roberto Viaux.


Atrincherado en el Regimiento Tacna de Santiago, el general Roberto Viaux encabezaba un alzamiento militar reivindicativo por mejoras para el personal del Ejército. El 21 de octubre de 1969, centenares de hombres lo acompañaban en esta maniobra, iniciada poco después de las seis de la mañana. Al borde de la medianoche, después de una larga jornada, un personaje de bajo perfil político ingresó al recinto. El médico militar Patricio Silva Garín, subsecretario de Salud del presidente Eduardo Frei Montalva, llegaba al Tacna como último recurso para resolver el conflicto con los sublevados.
Nadie había logrado destrabar la grave situación, pese al intento de ministros de gobierno, altos dirigentes políticos y las máximas autoridades militares. Sí pudo Silva, quien entonces ostentaba el grado de mayor de Ejército y políticamente no pesaba nada.

Pasadas las tres de la madrugada del día 22, Silva, el general Viaux y el comandante de la guarnición de Santiago, general Alfredo Mahn, terminaron la reunión en el regimiento y los dos primeros firmaron el acta de acuerdo. Si bien el levantamiento nunca apareció abiertamente como un intento de golpe de Estado, fue el inicio del proceso que culminó un año después con el asesinato del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider.

El mismo Viaux planificó la acción junto a los jefes militares de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Apoyados por El Mercurio y la extrema derecha, su objetivo era gestar la falsa imagen de un caos nacional y así evitar que se hiciera realidad el triunfo en las urnas del socialista Salvador Allende.

A 40 años del Tacnazo, hito en que quedó perpetuado como una figura de escasa envergadura política y oculto peso militar, el coronel (R) Patricio Silva hoy tiene sospechosa presencia en tres crímenes políticos, cuyas víctimas, por diferentes motivos, fueron enemigos de Augusto Pinochet: el general Augusto Lutz, José Tohá y Eduardo Frei Montalva. El ex jefe de inteligencia del Ejército y el ministro de Allende fallecieron en el Hospital Militar en 1974, mientras que el ex Mandatario murió en 1982. Silva tuvo una misteriosa participación clínica en los tres casos.
Bisturí y armas

Patricio Silva Garín (80) se tituló de médico cirujano hace 57 años en la Universidad Católica, especializándose luego en la cirugía gastroenterológica. En 1956, convencido de su amor por las armas, ingresó a la Escuela de Infantería del Ejército. Tras su egreso, el doctor fue destinado al Regimiento Buin con el grado de teniente. En 1966, Silva viajó a Panamá para inscribirse en la Escuela de las Américas, academia en que se graduaron de golpistas y torturadores los principales militares que aterrorizaron América Latina en los ’60 y ‘70.

A su regreso, incursionó en la política como subsecretario de Salud en el gobierno Frei Montalva, en cuyo gabinete participaba su concuñado Patricio Rojas como ministro de Interior. Arrestado el general Viaux tras el Tacnazo, su defensa solicitó a la Corte Marcial la libertad provisional, que fue rechazada por tres votos a dos. En una entrevista concedida desde la cárcel por el militar sublevado a la periodista Florencia Varas, Viaux aseguró que la misma noche en que se le negó la libertad “el doctor Patricio Silva habló conmigo diciendo que eso fue un error y que la petición sería aprobada por unanimidad”. Hasta hoy se desconoce el origen del poder que se arrogó Silva para hacer tal afirmación, que asombró hasta al propio Viaux.

Viaux contó además que Silva Garín estuvo “sondeando” quién, a juicio suyo y de otros generales, podría ser la mejor carta para ser el próximo comandante en jefe. Hablaron de Schneider y el general Carlos Prats.

La enigmática personalidad de Silva Garín adoptó otros ribetes tras el golpe militar. Estaba a cargo de la subdirección del Hospital Militar de Santiago, con absoluto control del recinto, cuando José Tohá apareció ahorcado en su habitación, acto informado oficialmente como suicidio. El experimentado médico criminalista de la Policía de Investigaciones, Alfonso Chelén, examinó en primera instancia el cadáver y calificó el deceso como un estrangulamiento causado por terceros. A raíz de ese ignorado informe, Chelén fue expulsado de la institución.

Días antes de esta confusa muerte, Raquel Morales Etchevers (Moy), esposa de José Tohá, llegó acompañada de su hija, la actual vocera de gobierno Carolina Tohá, al recinto hospitalario para visitar al ex ministro de Allende. Allí se encontraron con el doctor Silva. En junio de 1990, Moy de Tohá declaró a la Comisión Rettig que, de forma sorpresiva, “el doctor Patricio Silva nos comunicó que a José se lo habían llevado a la Academia de Guerra Aérea y que iba en mal estado”.

Silva les dijo que Tohá le había pedido un valium para tranquilizarse por el traslado, pero que se lo había negado. “Nos dijo que él era un político y como tal tenía que soportar lo que le pasaba”, señaló la viuda.

Ante la insistencia de Moy de Tohá por ver a su marido, el doctor le advirtió que “esto que vivimos es el fascismo y si usted no lo respeta se le va a detener”. Las visitas a Tohá quedaron prohibidas.

Miriam Huidobro Reichhardt, esposa del secretario personal de Allende, Osvaldo Puccio Giesen, quien también se encontraba internado en el Hospital Militar, aportó a la Comisión Rettig otro antecedente sobre la conducta de Silva Garín por esos días.
La mujer contó que “el cabo Lara”, uno de los custodios de su esposo en ese recinto, les dijo que “el hospital se utilizaba para interrogatorios y torturas”. Agregó a la Comisión Rettig que “el cabo Lara nos relató su preocupación por el hecho de que un dentista, cuyas manos estaban quebradas, seguía siendo sometido a torturas bajo la directa vigilancia y dirección del doctor Patricio Silva, quien se encargaba de revivir al dentista para continuar los interrogatorios”.

Muerte de Frei

En el caso del general Augusto Lutz y el Presidente Frei Montalva, Silva condujo las operaciones que derivaron en muertes bajo inexplicables y fulminantes circunstancias de agravamiento. De acuerdo a los antecedentes de la investigación judicial del juez Alejandro Madrid sobre el deceso de Frei, Silva es uno de los principales sospechosos de participar en las acciones que indujeron su fallecimiento, a pesar de su cercanía con el líder DC. Silva armó y lideró el equipo médico militar que realizó las tres intervenciones postoperatorias en la Clínica Santa María, por las que además rondó el cirujano de la DINA y la CNI, Pedro Valdivia Soto, otro de los vinculados al desenlace fatal de acuerdo al proceso.

Silva, entonces hombre de confianza de la familia Frei, tomó el mando médico el 6 de diciembre de 1981, poco más de dos semanas después de que el médico Augusto Larraín operara al cofundador de la Falange de una simple hernia al hiato, presentando nuevas molestias días más tarde. El epílogo fue una progresiva septicemia generalizada, que le causó la muerte el 22 de enero de 1982.

En la investigación se determinó que en los restos del ex Mandatario, revisados en Chile y el extranjero, se hallaron rastros de talio, un metal blando fácil de licuar que también se usa como raticida, además de elementos químicos componentes del gas mostaza.

Patricio Silva Garín ha sido prácticamente “dueño” del Hospital Militar en las últimas décadas, ocupando cargos de dirección médica y administrativa. Hoy es el jefe del Departamento de Contraloría Médica con un contrato indefinido por $1. 618.711 por 33 horas semanales. Hasta ahora, el misterioso doctor no ha sido procesado en ninguno de los casos. //LND

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