Manuel Máximo Cortés Iturrieta, nacido en Santiago de Chile el 25 julio 1942, con documento nacional de identidad Rol Único Tributario número 4.520.117-1

DECLARA:

El día 11 de septiembre de 1973 estaba a cinco cuadras del Palacio de la Moneda, pernoctando en el Hotel El Conquistador.

Me encontraba durmiendo con mi compañero de cuarto, de apellido Vidal, quien habiéndose levantado muy temprano y tras salir a la calle, volvió muy asustado al cuarto diciendo que la calle estaba llena de militares y policías. Junto con él me dirigí por la calle Moneda hacia el occidente hasta llegar al Palacio de la Moneda. alrededor de las 7:30 / 8:00 a.m.

Al llegar al Palacio de la Moneda me dirigí al garaje, donde hacía poco que habían llegado los vehículos de la escolta presidencial. En la puerta del garaje me encontré con Daniel Gutiérrez que al parecer llegaba también apurado en otro vehículo. Le pregunté quién estaba de jefe de escolta. Me dijo que era Oscar Enrique Valladares Caroca. Le busqué y le dije que estaba a su disposición, junto con otro compañero, y le pregunté qué hacíamos. Él respondió que lo preguntaría en el interior del Palacio de la Moneda.

Poco después sale Daniel Gutiérrez y me informa que Jaime Sotelo, jefe del dispositivo, me ordena que me quede en el garaje y que me haga cargo de los vehículos y esté preparado para salir en cualquier momento para evacuar al Presidente.

Entre las 8:00/8:10 a.m. comienza el asalto el Palacio de la Moneda por los militares desde sur a norte, pasando algunos tanques a alta velocidad por la calle Teatinos con infantería sobre ellos, a gran velocidad, parea situarse por el norte, en la plaza de la Constitución.

Ese ataque fue permanente durante aproximadamente más de dos horas, 10/10:30 a.m. Al empezar dicho ataque, nosotros que nos encontrábamos en el garaje escalamos con una escalera hacia unas ventanas del segundo del edificio contiguo al garaje, que pertenecían al Ministerio de Obras Públicas.

En dicho edificio, nos pusimos en situación de defensa, en las distintas oficinas del tercer piso, cubriendo toda la Plaza de la Constitución desde el Ministerio de Defensa hasta una construcción que se encontraba en la esquina de La Alameda con la calle Lord Cochrane. Desde esa posición logramos detener cinco intentos del ejército de avanzar hacia la Moneda. Posteriormente se produjo un silencio total, cesaron los ataques y por teléfono nos comunicaron que había un parlamento y que nos mantuviéramos a la espera del resultado de ese diálogo.

En torno a las 11:00 a.m. los militares retoman los ataques mediante el bombardeo de la Moneda, usando la aviación y tirando aproximadamente 25 misiles, la mayoría de ellos con cabezas incendiarias, lo que desencadenó el incendio del Palacio de la Moneda.

Desde La Alameda y desde los edificios que quedaban por Teatino aparecieron los militares en la azotea y comenzaron a arrojar bombas de gases y lacrimógenas hacia el interior, con lo que las personas en el interior comenzaron a asfixiarse.

Siguen los ataques hasta que, en torno a la 1:00/1:30 p.m. se abre violentamente la puerta de Morandé, 80, por donde salen algunos prisioneros que son tirados al suelo, golpeados e incluso con intención de dispararles. En ese momento abrimos fuego contra esos militares, que escaparon hacia el interior del edificio, saliendo poco después utilizando como escudo humano a los prisioneros.

Entonces nos dimos cuenta de que no podíamos seguir disparando y ordenamos el alto al fuego.

Los primeros prisioneros en ser sacados de la Moneda fueron los que habían estado combatiendo dentro. Éstos fueron alineados y posteriormente arrojados contra el suelo en medio de la vía pública. A continuación empezaron a sacar al resto de la gente que estaba en el edificio (asesores, médicos, Secretaria personal de Allende, etc). A medida que eran sacados de la Moneda, los prisioneros fueros parados uno a uno, registrados físicamente y puestos contra la pared con las manos en la nuca, y de esta forma alineados junto al resto de compañeros.

En ese momento llegó un tanque por calle Morandé de sur a norte, que se para frente a la línea de compañeros que estaban tendidos en el suelo y oigo decir al conductor del tanque: "permiso mi capitán para pasarle la oruga por arriba a estos concha de su nadre". Le dicen que no y bajan el cañón del tanque y lo apuntan hacia abajo, hacia los compañeros que estaban tirados en medio de la vía pública. En ese momento dejamos de disparar y empezamos a idear la forma de cómo salir del edificio.

Pudimos ver, desde nuestra posición, cómo sacaban a nuestros compañeros en condición de prisioneros e identificar algunos que son trasladados al Regimiento Tacna, ellos son: Jaime Gilson Sotelo Ojeda; Juan José Montiglio Murua; Enrique Helio Huerta Corvalán; Oscar Enrique Valladares Caroca; Daniel Antonio Gutiérrez Ayala; Luis Fernando Rodríguez Riquelme; Manuel Ramón Castro Zamorano; Juan Alejandro Vargas Contreras; Héctor Urrutia Molina; Julio Fernando Tapia Martínez. También fue evacuado un herido de nombre Osvaldo del Carmen Ramos Rivera que fue trasladado por ambulancias a un hospital del centro de Santiago.

Todos los mencionados sufrieron la condición de detenidos desaparecidos, salvo alguno de ellos a los que se pudo identificar con prácticas forenses en fosas comunes.

Se encontraban además: Pablo Cepeda Camilieri; Juan Oses Beltrán y Hugo García. Éstos se encuentran vivos en la actualidad. Los dos primeros residentes en la República de Chile y el último residente en la ciudad de París en la República Francesa.

Entretanto, en la calle llegaban los bomberos (unos dos a tres carros de bomberos) y empezaron a tirar mangueras para meterlas por la puerta de Morandé y tratar de controlar el incendio. Posteriormente sacaron una camilla con un cuerpo cubierto por una manta, en donde yo reconocí que era el cuerpo del Presidente Allende por los zapatos que llevaba y que yo conocía perfectamente (zapatos negros con una suela en terraplén, de goma). La camilla era portada por bomberos y militares que esperaron a que entrara un camión de sanidad militar, que entró marcha atrás, abrieron la puerta y metieron rápidamente la camilla. Posteriormente ese camión se retiró en dirección norte.

Nosotros, desde obras públicas, logramos salir mezclados entre el personal. Se nos exigió la entrega del carnet de identidad y se nos obligó a retirarnos por el sector de La Alameda dejandonos en libertad y sin proceder a una identificación positiva en ese momento.

Los compañeros que habían salido del Palacio de la Moneda seguían tendidos en la calle pero ya rodeados por un piquete de soldados. Incluso cuando nos colocaron sobre la pared del Palacio de la Moneda corrieron más al centro a los compañeros que estaban tendidos en medio de la calle. En ese momento, que era en torno a las 4:00 p.m., aparece el General Palacios.

Estaba herido en una mano, que traía vendada y medio en cabestrillo. Preguntó quién era toda esa gente que había ahí, pues habías dos veredas llenas, a lo que un oficial le respondió que eran los funcionarios del Ministerio de Obras Públicas.

Él dijo entonces: "que esta gente se retire". Procedieron a levantar a los primeros, entre los que yo me encontraba; en eso momento el General Palacios dijo: "¡alto!, que esa gente deje su carnet de identidad y se presente en tres días más al Ministerio de Defensa". A lo que los que ya nos habíamos levantado tuvimos que entregar nuestro carnet y salimos caminando lentamente hacia La Alameda, en dirección sur.

En el acto de entregar mi carnet miré hacia los compañeros tendidos en medio de la calle y vi que estaban rodeados por un piquete al mando del General Palacios. Esta fue la última vez que vi a los compañeros del Palacio. Salí caminado hacia La Alameda, donde corté hacia el Oriente y fui simultáneamente detenido y puesto contra la pared en cada una de las esquinas a manos de policías apostados y armados, que no cesaban de tirarme al suelo y pedirme el documento de identificación personal. Yo le repetía que me lo habían retirado en la esquina anterior y continué hasta ponerme a salvo en el mismo hotel del que salí durante la mañana.

Los oficiales y suboficiales al mando del General Palacios no ostentaban placa identificadora alguna. Algunos portaban únicamente su grado militar.

Tampoco los policías que me fueron deteniendo sucesivamente en distintos puntos de Santiago entre las 5:00 y las 6:00 p.m. portaban placa identificadora alguna.

Me refugié en la Embajada de México desde el 2 de noviembre de 1973 hasta el 2 de junio de 1974 en que pude salir del país como exiliado.

En Madrid a quince de octubre de mil novecientos noventa y nueve.