Pablo Manuel Zepeda Camillieri, nacido en Santiago de Chile el 31 de enero de 1951, con documento nacional de identidad Rol Único Tributario número 5.990.052-8.

DECLARA:

El día 11 de septiembre de 1973 me encontraba en el Palacio de la Moneda como escolta del presidente constitucional de la República de Chile, Salvador Allende, y bajo sus órdenes directas. Llegué a ese lugar desde la residencia presidencial de la calle Tomás Moro como dotación de la unidad número tres aproximadamente a las 0700 horas.

A esa hora se creía que el levantamiento era únicamente de las fuerzas navales acantonadas en Valparaíso. Recién con el comunicado de la junta de comandantes encabezadas por el hoy senador vitalicio, Augusto Pinochet Ugarte, el presidente y nosotros mismos supimos que nos encontrábamos frente a un golpe de estado militar.

El Presidente dejó en libertad de decidir si querían retirarse a los miembros del personal militar asignado por las distintas fuerzas a la custodia del edificio presidencial, pero dejando las armas dentro del Palacio presidencial, quedando por lo tanto todo el perímetro a cargo de los integrantes de su servicio de seguridad. El retiro del personal de carabineros se llevó a cabo sin violencia alguna.

Después de comenzar los ataques militares por parte de la artillería y la infantería sublevadas en contra del poder constitucional resistimos durante aproximadamente siete horas.

En un momento dado, el entonces General Augusto Pinochet Ugarte, como Comandante en Jefe del Ejército y máximo responsable del golpe militar, que en ese momento ya era oficial, pidió hablar con el presidente constitucional y, en ese momento, recibí sus instrucciones directa de responder a dicho sujeto que era "un cobarde, felón y traidor", lo que realicé con sumo placer.

A las 1045, aproximadamente, horas el periodista Augusto Olivares procedió a quitarse la vida mediante un tiro en la cabeza, generando la obvia conmoción en el Presidente y en todos los que en aquel momento estábamos presentes.

A las 1315 horas, aproximadamente, el Presidente constitucional de Chile puso fin a su vida mediante una ráfaga de tres disparos de su fusil, en un momento en que se encontraba sentado en una sala de descanso contigua al comedor oficial y en presencia de aproximadamente 12 personas, entre las que me encontraba.

A las 1530, aproximadamente, y por instrucciones de los responsables del aparato de seguridad presidencial se procedió a la rendición y entrega de las armas.

El responsable militar por parte de las fuerzas sublevadas de este acto fue el entonces general Javier Palacios, quien además dirigió las operaciones.

Algunos compañeros son trasladados, en condición de prisioneros, al Regimiento Tacna, ellos son: Jaime Gilson Sotelo Ojeda; Juan José Montiglio Murua; Enrique Helio Huerta Corvalán; Oscar Enrique Valladares Caroca; Daniel Antonio Gutiérrez Ayala; Luis Fernando Rodríguez Riquelme; Manuel Ramón Castro Zamorano; Juan Alejandro Vargas Contreras; Héctor Urrutia Molina; Julio Fernando Tapia Martínez. También fue evacuado un herido de nombre Osvaldo el Carmen Ramos Rivera que fue trasladado por ambulancias a un hospital del centro de Santiago. Todos los mencionados sufrieron la condición de detenidos desaparecidos, salvo alguno de ellos a los que se pudo identificar con prácticas forenses en fosas comunes.

Fui llevado junto a Juan Oses Beltrán y Hugo García, también al Regimiento Tacna. Estos se encuentran vivos en la actualidad. El primero de ellos es residente en la República de Chile y el segundo reside en la ciudad de París, en la República Francesa.

Una vez en el mencionado cuartel nos obligan a tendernos cuerpo a tierra y boca abajo en el interior de las caballerizas de dicha institución militar. A los prisioneros que quedaron en el interior procedieron a atarles las manos en la espalda y también los píes, con un tipo de alambre conocido como "de púas" del utilizado para deslindar los terrenos ganaderos.

Juan Oses Beltrán, Hugo García y yo fuimos dejados, en ese mismo estado, fuera del recinto de las caballerizas.

Comenzaron a interrogar a Juan Alejandro Vargas Contreras de una forma violenta, procediendo a golpearlo indiscriminadamente y muy especialmente a pisar los alambres de púas que le rodeaban las muñecas. Le exigían que dijera si nosotros tres pertenecíamos a su grupo. Lo que negó en todo momento.

Debido a este hecho fuimos trasladados con otros grupos de prisioneros, aún sin clasificar y que en su mayoría eran obreros de la construcción o de fabricas relacionadas con este sector económico.

El día de 12 septiembre de 1973 llegó una comitiva militar integrada por altos oficiales sublevados entre los que se encontraba el entonces general Augusto Pinochet Ugarte. El que procedió a preguntar al coronel a cargo del Regimiento Tacna, Coronel Luis Joaquín Ramírez Pineda, quienes eran los prisioneros que estaban amarrados con alambre de púas, a lo que respondió que eran miembros del GAP que estaban con el presidente constitucional en el Palacio de la Moneda. A lo cual contestó "estos eran los que tanta resistencia nos opusieron. Los vamos a fusilar a todos".

El día 13 de septiembre fuimos trasladados al Estadio de Chile. En dicho campo de concentración o centro de detención ilegal fuimos torturados. En mí caso procedieron a arrancarme las uñas de las manos en el proceso de interrogación. Este trabajo lo realizaban con un alicate de los denominados "pico de loro". Además sufría golpizas continuadas en todo el cuerpo para lo que utilizaban básicamente las culatas de los fusiles. Este tratamiento era generalizado entre todos los detenidos.

El personal militar responsable del centro no llevaba identificación alguna, salvo los galones con su grado militar en algunos casos.

A los pocos días fuimos trasladados al Estadio Nacional. Allí el tratamiento fue similar y las tortura del mismo tipo.

En el Estado Nacional nos obligaron a elegir un representante entre el grupo de detenidos en el que me encontraba y que era de aproximadamente 90 personas. Fui elegido por ellos y con este motivo mantuve conversaciones con el responsable máximo del campo de concentración en ese momento, que era el General Humberto Gordon años después responsable de la CNI. Este general me manifestó en las tres conversaciones que mantuve que nos iban a matar a todos.

Sin embargo el 27 de septiembre de 1973 logramos que salieran del campo un grupo de aproximadamente 45 personas entre las que se encontraba Juan Oses Beltrán y Hugo García.

El 29 de septiembre de 1973 sucedió lo mismo con el resto del grupo, entre los que me encontraba.

Estas liberaciones se producían al comienzo del toque de queda dictado por la administración militar.

Viví en Chile hasta los primeros días del mes de diciembre de 1973 en los que me refugié en la Embajada de la República de México. A mediados de ese mismo mes me pude exiliar en ese país.

En Madrid a quince de octubre de mil novecientos noventa y nueve.